lunes, 24 de febrero de 2020
Locales de apuestas (Carta de opinión)
Locales de apuestas
Han brotado como setas cientos de locales de apuestas, con el objetivo de enganchar a cualquier ciudadano, en especial a los más jóvenes, y si son menores de edad, miel sobre hojuelas. Aquellos que padecen ludopatía caen en la ruina personal y económica, y su problema se extiende a los que les rodean. ¿Cómo no se ha controlado esta barbaridad?, ¿Por qué los Gobiernos no han actuado antes?
https://elpais.com/elpais/2020/02/23/opinion/1582481057_763470.html
viernes, 21 de febrero de 2020
¿A qué esperas?
¿A qué esperas?
Finca
de desintoxicación del profesor Bat Terio. Aquí podemos ver cuatro humanos
mutados y sazonados con una mezcla de saltamontes y cangrejos. Podemos encontrar
curas para muy variadas taras que la idiotez de la sociedad actual está
engendrando. Por ejemplo, para los enganchados a: móviles, series, realities, consolas
y video juegos, influencers, selfies, instagram, youtube, y un largo etcétera. “En
una semana o dos, les quito la tontuna”, asegura el profesor. De los diez psicólogos
consultados, nueve de ellos (con la inestimable ayuda de jamones ibéricos de
bellota) recomiendan la finca. ¿A qué esperas? Siéntete un cuasi
saltamontes-cangrejo y olvida el estrés y la tecnología.
jueves, 20 de febrero de 2020
EL APLAUSO. Microrrelatos de 140 caraceres
EL APLAUSO. Microrrelatos de 140 caracteres. Cuenta#140 El cultural
El músico callejero recibía muchos aplausos pero ninguna
moneda.
Tercer local de apuestas que
volaba el dinamitero. Los vecinos aplaudían. Los ludópatas apostaban para cuándo
el siguiente.
“De merienda, fiambre”, bromeó el patólogo, el cadáver
aplaudió y aterrados pararon la autopsia.
Mientras todos gritaban de miedo al ver a los
extraterrestres, la niña aplaudiendo chilló: “E.T.”
“Me aplaudiría a mí mismo”,
decía en voz alta y con cara de pena el capitán Garfio.
Todos los personajes
aplaudieron al escritor, excepto el joven que murió en la segunda página camino
de la orgía.
Aplaudían cada día a la camarera cuando sin anotar, les
servía los diez tipos de café y desayunos distintos.
Miles de personas
aclamaban a la concursante del “reality”. A la premio Nobel, le aplaudían
quince.
Ovacionaron al comandante al tomar tierra. Gritaron de
terror al ver que el aeropuerto estaba lleno de ovnis.
Aplaudió a rabiar hasta que
se electrocutó. El mecánico de robots le prohibió ver dibujos animados.
Su novia aplaudió con sorna la explicación sobre aquel
carmín y la pérdida del slip.
Las palmadas acompasadas “in
crescendo” de los reclusos al alcaide, Brubaker, le arrancaron lágrimas primero
y aplausos después.
“Me he acostado
con tu hermano”, dijo ella con cara compungida. “Actriz magistral cariño”,
aplaudió él. Pero ella no actuaba.
Dejaron de aplaudir cuando el Joker comenzó a disparar
sobre el público.
Se enfadó al ver un cartel de
“aplausos”. Cada vez que lo levantaban, él silbaba. En el descanso lo
expulsaron del plató del programa en directo.
El punto débil del hombre invisible era su instinto por
aplaudir y entonces le atraparon.
Los aplausos al funcionario le irritaban, él necesita más
pluses y menos palmaditas.
Todos aplaudían cuando la radio anunció el fin de la
guerra. En su país, él añoraría a su enfermera y amor platónico.
El delantero aplaudió al árbitro, le costó la expulsión,
pero a la par, su socio cobraba una fortuna de la apuesta.
Cuando los diputados del
partido terminaron de aplaudir puestos en pie una idiotez, desde la grada del
público, él grito: “Borregos”.
El escritor era un tirano con sus personajes, que
aplaudieron cuando el hombre invisible salió del libro y le disparó.
Los alienígenas lo pensaban eliminar, pero al probar su
menú aplaudieron y le montaron un restaurante en Marte.
Al abrir el cofre del
tesoro, comprobó sorprendido que estaba vacío. Se irritó cuando escucho unos
aplausos.
Tras cada milagro acallaba los incipientes aplausos de la
multitud.
Famoso por sus aplausos efusivos y sus “bravos”, le
invitaban a acudir gratis a teatros y monólogos.
La actriz debutante se quedó en blanco, el teatro de
inmediato irrumpió en una enorme ovación.
martes, 18 de febrero de 2020
90-60-90
90-60-90
¡Albricias!
Ha sido amor a primera vista, siempre he creído en él. Varios meses de búsqueda
han merecido la pena. Desde que la vi me hizo sentir muy cómodo. Tiene las medidas
perfectas. Su sencillez nórdica encaja con exactitud con mis necesidades, se
adapta como un guante a mis pretensiones. Soy muy afortunado. Va a terminar con
mi desorden, con este caos de soltero que tanto irrita a mi madre. Desde que la
traje a casa, la llevé directa al dormitorio y ahí continuamos. Compruebo sus
capacidades interiores. Eso sí, con
delicadeza, con mimo. Me recreo en su belleza, en su elegancia. Me quedo
dormido mirándola, embobado. Y nada más despertar la contemplo abstraído. Observarla
me lleva a recrear cada segundo de las respuestas, las sonrisas y la belleza de
la dependienta de Ikea mientras me vendía esta cómoda. También la acogería con
gusto en mi dormitorio, aunque no tenga los 90-60-90.
https://estanochetecuento.com/90-60-90-pablo-cavero/
lunes, 17 de febrero de 2020
Con paga y sin ella
Con paga y sin ella
Ahora
ya vestido tras posar cuatro horas desnudo como modelo. Recuerda con agrado el
castigo de su madre, le dejó sin paga cinco semanas, por bañarse en cueros en
el río. Siempre se ha sentido cómodo sin ropa, de toda la vida. Con menos
alegría y más traumático, aparece en su memoria la imagen de su novia sorprendiéndole
en pelotas junto a su mejor amiga. Ahí perdió a ambas. Meses después ella le
vio desnudarse, eso sí por dinero, en una despedida de soltera, más tarde en
una película porno y hoy en la clase de pintura.
Filología
Filología
Ahora
ya vestido, el joven trata de centrarse para dar la clase de inglés. Su alumno termina
su merienda frente al videojuego con los cascos a todo volumen, que han
ocultado los alaridos de su madre en la alcoba. Esto se le está yendo de las
manos. Se ha corrido la voz entre las madres amigas del colegio y del yoga.
Todas las señoras quieren practicar lenguas en desuso como el griego y el francés. Tras semanas repletas
de clases particulares, su novia ha comprado el “Kamasutra” y quiere probar dos
posturas cada noche. Él busca afrodisíacos, con urgencia. La filología es
agotadora.
viernes, 14 de febrero de 2020
EL CHOCOLATE. Microrrelatos de 140 caracteres
EL CHOCOLATE. Microrrelatos de 140 caracteres
Él le escondía el chocolate y ella el alcohol. El veterinario perplejo afirmó que el perro era diabético y alcohólico.
Los extraterrestres lo pensaban eliminar, pero cuando probaron su tarta de tres chocolates, le cogieron como repostero.
Ella prefería degustar, sin prisas y en la intimidad, las tabletas de chocolate de los jóvenes gimnastas.
Con el anuncio de una guerra, llenaron el bunker de alimentos. Más de la mitad era chocolate.
El pequeño se puso rojo cuando robó su primera chocolatina. El tendero, recordó su niñez, y cada día le regalaba una.
Las reclamaciones habían bajado y tenían un tono más suave. El nuevo funcionario les ofrecía chocolatinas.
¿Tentación una manzana? La
niña cree que era tarta de chocolate lo que perdió a Eva y a Blancanieves.
Caperucita, el
lobo y el leñador, degustaban el chocolate de la abuela, y los cuatro debatían
sobre cuentos y bulos.
Escucho a la camarera decir que le gustaba la dulzura en los hombres. Cada día le pedía tarta de chocolate.
Al abrir el cofre del tesoro, alguien se le había adelantado y dejó unas chocolatinas doradas como compensación.
Cuando untó de chocolate sus puntos estratégicos y los cató, entendió por qué le apodaban “el maestro chocolatero”.
Su novia comenzó a esconder el chocolate. Él encontró en casa de la vecina ése y otros placeres que enganchaban.
Caronte tras descubrirse el cacao, ya no pedía monedas, prefería chocolate.
Mientras el niño merendaba chocolate, en la alcoba su madre y el profesor particular lo saboreaban en sus cuerpos.
Su anuncio lingüista del chocolate ha convertido en ninfómanas a las del curso de cocina. Él se recupera en el hospital.
Ahora les encantaba la fruta desde que su madre las bañaba con chocolate. Con las verduras no fue lo mismo.
En las bodas de Caná le pidieron que, en vez de vino, multiplicara el chocolate y los churros.
La multitud junto al lago le dio cinco panes y cinco chocolates. Los peces sin los microplásticos eran menos sabrosos.
Robin Wood
Robin Wood
Desde
pequeño soy un virtuoso con el arco y las flechas. Fan de Robin Hood. En las
competiciones siempre he vencido al gordito, que se expresa con un vocabulario cursi
y empalagoso. Él dispara a un metro de distancia, le vale la persona entera, dice
que dispara al alma, por eso lleva los ojos vendados, así cualquiera. A mí me
encargaron, por mi puntería milimétrica, acertar en partes muy concretas del
cuerpo. Primero en la mano y un segundo impacto en el trasero, de todos los
bárbaros, que maltratan a la madre naturaleza. Entre ellos, los que graban en
madera de los árboles, o como éste que ha desfigurado la mesa del merendero,
seguro que en la de su casa no lo hace. ¡Hazte un tatuaje en tu piel con la
navaja y deja la madera en paz, hombre ya! Me apodan Robin Wood.
Foto de Ana Suarez.
lunes, 10 de febrero de 2020
Trasfondo
Trasfondo
"El
árbitro añadió catorce minutos”, logré decir antes de que el individuo de mi lado enloqueciera. Por su boca comenzaron a salir improperios y amenazas, a cual más inquietante y aterradora. Parecía poseído. Transformado en una bestia irracional. Intenté calmarme, pero el energúmeno me derribó como hizo con varias personas más de alrededor. Se fue hacia el campo. Cinco de seguridad le detuvieron. El agresivo animal era, hasta aquel día, mi marido y padre modélico. Nada menos que el mejor abogado especialista en derechos humanos de la ciudad.
Amaños
Amaños
"El
árbitro añadió catorce minutos”, logré decir justo antes del fin de la cuenta
atrás. Respondí acertando la pregunta, como experto en deportes. Acababa de igualar.
Cortaron la grabación. Entré a la sala de descanso. Un tipo se presentó como
productor del concurso. Me ofreció las respuestas correctas. El público había
empatizado conmigo. La propuesta era tentadora, pero jamás fui un marrullero.
Me negué. En el lavabo, sin querer, escuché a mi rival conversar por el móvil
con un niño que estaba en el hospital. Me quedé pensativo. Fallé las siguientes
preguntas a propósito. Aquel premio podría salvar la vida de la voz que oí por
accidente.
viernes, 7 de febrero de 2020
Rebelde
Rebelde
Sus
amenazas han llegado. Las que me hizo semanas atrás: “Esto no va a quedar así”.
Harta de que el precio que me pagaba por mis frutas y hortalizas no me
alcanzara ni para cubrir mis gastos. Decidí venderlos directamente en los
mercadillos y puerta a puerta. Esta madrugada vi su silueta prender mi huerto y
mi pequeño invernadero. La alargada sombra del tirano ha arruinado mis
esfuerzos, me ha rebozado en el fango consumista. Como el gigante déspota aplasta
a una hormiga que se rebela porque le roban su trabajo. Cuando se alejaba de
las llamas ha tropezado con la azada sujeta por mis brazos vengativos, ya no
explotará a más infelices.
Foto de Nicolás Bruno
jueves, 6 de febrero de 2020
EL PIJAMA microrrelatos de 140 caracteres
Tema: EL PIJAMA. Microrrelatos de 140 caracteres. El Cultural #140.
Cruzó el frente en pijama y ninguno de los bandos le disparó.
En la cena de gala del crucero, el capitán llegó a la mesa con su pijama de Bob esponja.
Los dependientes se miraban, el cliente para probar los colchones se enfundó su pijama raído y descosido.
El caco entraba en los pisos de noche y en pijama, si le sorprendían se hacía el sonámbulo.
En la fiesta de disfraces, su pijama de pantera rosa siempre motivo de burlas, le permitió pasar la noche con la modelo.
“Sentirse como en casa”, era el nuevo eslogan del supermercado, y los clientes iban a comprar en pijama.
Disfrazado de chica, accedió a la fiesta de pijamas del pabellón femenino, que siempre terminaba con todas desnudas.
Tras las miradas reiteradas de las enfermeras a los glúteos del atleta, su novia le trajo rauda el pijama.
Subido al ala delta transparente y enfundado en su pijama de Superman hizo huir a los enemigos.
“Hasta el infinito y más allá”, dijo presionando un botón de su pijama de Buzz Lightyear y saltó de la azotea.
El toldo del bajo evitó males mayores, cuando aquellos críos comprobaban sus pijamas de Spiderman y Batman.
En el seminario, como cada noche escuchó los pasos y la puerta, con su pijama de Superman saltó por el balcón.
Pidió a su madre un pijama de Mickey, tras volver del campamento. Su compañera de clase tenía uno de Minnie.
Cruzó el frente en pijama y ninguno de los bandos le disparó.
En la cena de gala del crucero, el capitán llegó a la mesa con su pijama de Bob esponja.
Los dependientes se miraban, el cliente para probar los colchones se enfundó su pijama raído y descosido.
El caco entraba en los pisos de noche y en pijama, si le sorprendían se hacía el sonámbulo.
En la fiesta de disfraces, su pijama de pantera rosa siempre motivo de burlas, le permitió pasar la noche con la modelo.
“Sentirse como en casa”, era el nuevo eslogan del supermercado, y los clientes iban a comprar en pijama.
Disfrazado de chica, accedió a la fiesta de pijamas del pabellón femenino, que siempre terminaba con todas desnudas.
Tras las miradas reiteradas de las enfermeras a los glúteos del atleta, su novia le trajo rauda el pijama.
Subido al ala delta transparente y enfundado en su pijama de Superman hizo huir a los enemigos.
“Hasta el infinito y más allá”, dijo presionando un botón de su pijama de Buzz Lightyear y saltó de la azotea.
El toldo del bajo evitó males mayores, cuando aquellos críos comprobaban sus pijamas de Spiderman y Batman.
En el seminario, como cada noche escuchó los pasos y la puerta, con su pijama de Superman saltó por el balcón.
Pidió a su madre un pijama de Mickey, tras volver del campamento. Su compañera de clase tenía uno de Minnie.
martes, 4 de febrero de 2020
Código binario
Código
binario
Empezó a llorar como todos los días pares. Dedicados a tareas
desagradecidas: Planchar, fregar suelos, cocinar entre humos. Quedaba en casa
con el chándal raído, sin asearse, sin salir. Los días impares, reía y
tarareaba de camino al mercado, saludaba al panadero y charlaba sonriente en la
pescadería mientras esperaba su turno. Odiaba
los números pares. Un día decidió ir al casino y ganó en la ruleta con impar y
rojo. Días después le tocó la lotería, por supuesto, con todos los dígitos
impares. Por fin pudo pagar a la ingeniera robótica para anular aquel código
binario. Y lloró de alegría.
Reincidente
Reincidente
Empezó a llorar cuando la claridad del alba cerraba el
telón del plenilunio. Ése que le convierte contra su voluntad en una bestia, en
un licántropo con hambre humana. Miradas, sonrisas, palabras y aficiones
compartidas, caricias, besos y pasión. Y cada cuatro semanas el ciclo se repite.
Desde el acantilado atisba la salida del círculo atroz.
Secundario
Secundario
Empezó a llorar, se sentía como todos los personajes
secundarios, o de reparto. Sus hermanos eran los preferidos. Siempre quedaba
relegado. Aquella noche reprodujo la maldita cicatriz en los rostros de todos
sus hermanos. Quizá ahora pudiera ser protagonista.
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